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Drama chino

January 15th, 2009 · 2 Comments

Ayer pasé el día trabajando en casa. Si no tengo que ver a mi supervisora en la universidad no es necesario que vaya por el Campus, sobre todo cuando entre idas y venidas se lleva un par de horas. En todo caso, como mínimo un par de veces por semana, a veces tres, prefiero trabajar en la Universidad. En la Facultad de Ciencias de la Información (FIMS), me han proporcionado un sitio de trabajo en una oficina compartida que hoy he visitado por primera vez. Se trata de un edificio anexo al edifico principal donde se aloja la Facultad. Frente a los amplios y luminosos espacios de este, el edificio auxiliar tiene el aspecto de aquellos pasillos oscuros y tenebrosos de la película El resplandor. Tiene algo de provisional, de falta de presupuesto cuando lo construyeron, demasiado compacto en el interior mientras que en el exterior representa la fragilidad de las láminas de metal que lo recubren. Un sitio oscuro que ciertamente no me ha gustado.

Realmente no me supone problema porque al poco de llegar, en mi segunda visita al Campus, realicé la obligada y gozosa visita a la Librería Central, ese edificio tan propio de los Campus americanos y británicos donde se acumulan la mayoría de libros de la Universidad. Metros y metros de anaqueles con libros cuya sóla visión da buena cuenta de la futilidad de los esfuerzos humanos por aprehender algo del conocimiento. Quizá sólo nos queda el esfuerzo por hacernos una visión de conjunto, por saber que juntos a los libros de química, descansan los de sistemas informáticos o los de literatura francesa. Dejemos el almacenamiento y la busqueda de la información para Google o para el motor de búsqueda que nos asista de aquí a unos años. En la Weldon Library cuentan con unas pequeñas habitaciones con ventanas al campus destinadas para investigadores. La mayoría parece que están colonizadas por gente que se lleva la gente a casa, pero que pocas veces se les ve en su lugar de estudio. En esta biblioteca no hay límite de libros que puedes pedir prestado. Todos los que quieras. Sólo si alguien los requiere, debes de devolverlos antes de tiempo.

Las vistas desde la quinta planta son bastante agradables, especialmente cuando contemplas tras el cristal la nevada que cubre la ciudad un poco más bajo un manto blanco, tan blanco que cansa la vista. A veces la tierra es completamente blanca, salvo los troncos de los árboles que sobresalen del suelo y las calles principales que dan un color negro al paisaje, devolviendo algo de cordura material al paisaje. A veces el cielo es completamente blanco, nieve o no nieve, el blanco parece estar presente en estas tierras de manera constante. Esa ceguera blanca de la que Saramago nos hablaba.

Andar sobre la nieve cansa y es dificultoso. Todo se mueve a casa pisada, el suelo cruje bajo nuestros pies. En el Campus, donde los paseos están más transitados se forma una especie de pasta de hielo, negruzca, que nunca acaba de derretirse. La única vida animal que contempla por aquí son las ardillas, completamente negras, que suben y bajan por los árboles o bajan hasta la tierra donde hacen agujeros en la nieve.

Hoy he ido al campus. Esta mañana antes de marcharme, la casera china, Lindy, casada con otro chino cuyo nombre nunca recuerdo, lloraba desconsoladamente. Esta noche cuando he llegado seguía llorando, aunque parece que había más gente con ella. Esta mañana discutían, él parecía querer apaciguarla. Hablaban en chino y yo no me enteré de nada.

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2 responses so far ↓

  • 1 Nocheoscura // Jan 15, 2009 at 4:23 pm

    A veces dar un pañuelo es un gran consuelo. ¿No?

  • 2 Esteban // Jan 17, 2009 at 2:42 pm

    Pues sí, ahora que no me veía yo entrando en la habitación para dárselo. No está bien interrumpir momentos delicados.

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