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El deshielo

February 8th, 2009 · 4 Comments

O tres libros y una película.

Es mi ocio de este mes y pico que llevo en tierras canadienses. El último libro que me acompaña es El hacedor, de Borges, que he tomado prestado de la biblioteca de la universidad. Una edición antigua, de los años 60, papel amarillo y demasiado grueso para haber sido publicado en nuestros días. Guarda la liturgia de los libros que han sido leídos a lo largo de varias decadas por personas que nunca sabrán que entre ellas hubo un libro en común, la textura de un papel. Volvía a casa después de una jornada completa en la biblioteca de la Universidad cuando me sumergí en las breves historias del argentino. Los espejos, la muerte, el otro, la inmortalidad. Cuando Borges escribió esas historias aún estaba vivo y sabía que iba a morir. Ahora yo estoy vivo, sé que él ha muerto y que algún día yo también he de morir.

Borges comparte el amor a las civilizaciones antiguas de Ryszard Kapuścińki, el autor de otro de los libros a los que me refiero. Tanto me sumergí en sus páginas que por segunda vez me he pasado mi parada. Aquí todas las calles parecen iguales y cuando los salpicones de barro ensucian los cristales del autobús es imposible reconocer dónde ha de bajarse uno. Por suerte llevaba mi mapa y no me había alejado mucho de casa.

Sin embargo, entre las escasas 12 horas que mediaban desde que salí por la mañana el paisaje había cambiado mucho. El deshielo. Hoy la temperatura ha oscilado entre los 8 y 4 grados y la nieve de los tejados, las calles, las aceras desaparece como por arte de magia. Cuando me he puesto a andar de vuelta a casa, se veía la acera en muchas partes, en otras pequeños bloques de hielo flotaban. Había que andar con cuidado por culpa del hielo. De pronto he echado de menos la nieve y el crujido al caminar sobre ella. Me he sentido como un oso polar navegando a la deriva sobre un bloque de hielo mientras que el cambio climático va derritiendo el habitat al que me había acostumbrado.


Os recomiendo esta galería de fotografías inspiradas en el libro.

El autor del tercer libro que he devorado esta semana es Haruki Murakami. Norwegian Wood. En la edición castellana lleva como título principal Tokio Blues. Se trata de una historia que te atrapa desde el segundo capítulo, una historia de adolescentes japoneses que van creciendo en un mundo de incomprensión, de una profunda soledad. Sin duda, se trata de una lectura que no deja indiferente y que te provoca, te hace interrogarte muchas cuestiones, te hace reflexionar. En una atmósfera cautivadora del Tokio de finales de los años sesenta, la cultura japonesa transcurre ante nuestros ojos, comidas, tradiciones, Love hotels, también el suicidio. Tokio es la ciudad donde más gentes se suicida al año. Este ha sido un elemento que me ha causado cierto impacto. Hasta cuatro personajes acaban suicidándose. El libro está lleno de lirismo, de sensibilidad, de soledad, pero también la presencia de la muerte es una constante. Una presencia que ahoga a varios de los personajes, llevándose a algunos de ellos por delante. Watanabe el protagonista es un personaje incomprendido, cerrado en sí mismo, temeroso de hacer daño. Pero es un joven que tampoco busca comprensión. Encerrado en los libros, relee constantemente El gran Gatsby. Libro que no recuerdo que me causara gran una impresión tan fuerte. La novela tiene algo de iniciatica, la adolescencia se convierte en una dura prueba que hay que superar, o sobrevives o mueres.

El libro me recuerda otras obras como El lobo estepario, de Hesse, que de alguna manera parece estar también en la órbita de Murakami, ya que Watanabe lee en el libro la obra Bajo las ruedas, también del autor alemán. Otra referencia es El guardián entre el centeno, novela a la que también cita, si no recuerdo mal. En su día El lobo estepario me causó gran impresión, pero no así El guardián entre el centeno. Todas obras iniciáticas al mundo adulto.

La música está también muy presente en la obra. Sobre todo lo Beatles, música de los sesenta y también algunas piezas de música clásica. La canción preferida de Naoko, una de las chicas protagonistas, es Norwegian Wood, la misma canción que despierta en Watanabe veinte años después los recuerdos de aquellos años en Tokio, cuando prometió a Naoko que no la olvidaría, a pesar de que ella realmente nunca lo amo. Y así surge la historia, Watanabe cerca de los 40 años recuerda su etapa entre los 17 y los 20 años y la pone por escrito, para comprender. Es de aquellas personas que necesita poner las cosas por escrito para entenderlas.

El libro me ha atrapado y lo he leído en apenas 4 días, sin embargo algunas cosas en él me han rebelado. Su negación a vivir el día a día encerrado en el recuerdo de un amor que no es. Su obsesión por el pasado, por los lazos que le atan al pasado. Su soledad y su cerrazón ante los demás, a abrirse y liberar algo de lo que le oprime. Esa parece ser una de las causas de tanta soledad de los personajes, de la infelicidad que muestran. Sin embargo, quizá lo que más rabia me da, casi como si de algo personal se tratara, es que toda la historia nace, se cuenta en torno a un amor que no fue, mientras que el amor que realmente fue, no es más que un comparsa, un accidente, una historia de la que no sabemos nada más. Naoko frente a Midori.

El tercer libro, que fue el primero que leí se llama Viaje con Heródoto. Se trata de un libro completamente distinto a éste último. Es un libro de viajes, de salida de uno mismo, de apertura al mundo. El periodista Kapuścińki cuanta sus viajes como reportero alrededor del mundo de la mano de la Historia de Heródoto. Entabla un diálogo con el mundo antiguo, relee el mundo contemporáneo que el observa a través de los ojos del griego. Y pregunta, pregunta, pregunta. Es fascinante esa facilidad para preguntar, esa mirada de niño, curiosa e inquisitiva que se convierte al mismo tiempo en la mirada del periodista polaco y del autor griego. Había querido hablar hace tiempo de esta obra, pero los días pasan pasan pasan…

Llené mi libro de señales con pasajes que quería compartir. Os dejo uno en el que Kapuścińki, de misión en África, se pregunta:

A propósito: ¿de dónde han salido tantas tribus? Sólo en África había diez mil hace ciento cincuenta años. Basta con dar un paseo a lo largo de un camino: en la primera aldea viven los tulama, pero ya en la siguiente los arusi, que nada tienen que ver con sus vecinos. A una margen del río, los murle, y en la otra, los topota. La cumbre de la montaña está habitada por una tribu y el pie por otra diferente.
Y cada una tiene su lengua, sus costumbres, sus dioses.
¿Cómo se ha producido todo esto? ¿Cómo nació esa diversidad tan increíble, esa impresionante riqueza? ¿En qué momento empezó todo? ¿Cuándo? ¿En qué lugar?

Y así interroga al mundo de Heródoto y a su propio mundo. Me habría gustado que ambos hubieran llegado hasta Japón, un país que me encantaría visitar. Adonde si llegaron fue a la India, ambos. La India. Yo también viajé allí. Y allí es donde transcurre la película Slumdog Millionaire, una conmovedora historia de amor, coraje y superación, que espero que triunfe en los Oscar y que recomiendo que vayáis a ver en cuanto la estrenen en España.

El próximo lunes cumpliré mis 30 primeros años. Un poco lejos de todas las personas a las que quiero. En estos últimos días he pensado frecuentemente que me gustaría vivir muchos años, para ver cómo cambia el mundo, para conocer más… Por eso me ha chocado que esa presencia tan intensa de la muerte en Norwegian Wood y por eso me quiero regalar una mirada profunda pero al tiempo desprendida, como la Heródoto y Kapuścińki.

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4 responses so far ↓

  • 1 José Manuel // Feb 8, 2009 at 11:53 am

    “El Hacedor” es un libro que me gusta mucho. La poesía de Borges es muy rara: tiene los acentos y las rimas en su sitio, y aun así los endecasílabos no lo parecen y no sé muy bien por qué. Y a ver cuándo me dejan las circunstancias hincarle el diente a Kapuścińki y Murakami (a lo mejor tengo que irme a Canadá :)). Este es el tipo de post que me gustaría escribir cuando ejercite más la voluntad.

    Pareces más joven.

  • 2 N. // Feb 8, 2009 at 12:10 pm

    Y llegarás a Japón, no me cabe duda. Despide estos 29 con un gran abrazo y una gran sonrisa, con (ya si) más de diez años desde nuestro primer encuentro que han transcurrido con mucha vida y algunas muertes, amores de verdad y otros de pega. Pero mucha vida y sobre todo, mucho aprendizaje de como vivirla.

  • 3 Vanesa // Feb 9, 2009 at 11:49 am

    Hola Esteban!!! Muchas felicidades! Qué alegría leer noticias tuyas por aquí… muchas veces me acuerdo de tí y me pregunto cómo te irá…
    Además, me encanta saber lo que lees, ya sabes que es una de mis debilidades. Me he puesto un poco triste al leer tus referencias de Tokio Blues, porque tengo que confesarte que empecé a leerla, pero me aburría bastante, y lo abandoné… Ahora me sabe mal no haber sabido apreciar el libro, quizá en ese momento me apetecía leer cosas más ligeras.

    Un beso.

  • 4 Esteban // Feb 9, 2009 at 5:48 pm

    José Manuel, pues a ver si la ejercitas que yo hecho de menos leer sobre leer. Leer de libros sobre todo con gente con la que luego puedo conversar.

    Eso que solemos hacer Vanesa y yo casi siempre que nos encontramos en la cafetería de la facultad y nos olvidamos de la vanalidad de la vida universitaria y compartimos lecturas. Cómo disfrutamos casi a la par “El corazón helado”.

    Vanesa, no te pongas triste. Yo me tuve que leer tres veces el primer capítulo para engancharme con el libro. Cada cuaĺ tenemos experiencias distintas con los libros, es un proceso de lectura y relectura de nosotros mismos a través de las palabras de otro y eso es algo que lo hace único. Lees un libro y tu historia personal, tu estado de ánimo, tu momento vital, las palabras del autor, sus vivencias interseccionan dando lugar a un resultado único e irrepetible. Así que ciertamente el libro puede resultar tan aburrido como interesante. Pronto nos tomaremos de nuevo cafés. ¿Estarás en la facultad el segundo semestre?

    Natalia: muchas gracias, que tú confías mucho en mi, más que yo 🙂

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