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In memorian Enrique Morente

December 17th, 2010 · No Comments

Últimas horas de la última noche en Amsterdam, antes de coger un vuelo a las 10 de la mañana que me llevará, vía Barcelona, a Granada. Al vivir las cosas desde la distancia, sus dimensiones parecen siempre irreales. Los eventos se magnifican o se ningunean. A veces nos llegan las voces y otras tan sólo los ecos. Esta semana ha sido triste porque Enrique Morente se marchó.

Es triste pensar que reconocemos el mérito a las personas cuando fallecen; sin embargo, no siempre es así. Hace años que Enrique me ganó a través de un disco que en el año 1996 le granjeó muchas críticas y sinsabores. Ese disco es historia; para mí, una de las mayores obras musicales del siglo XX, Omega. Omega es una obra fronteriza, es un nodo en el que se conectan múltiples caminos: poesía, Lorca, rock, flamenco, Leonard Cohen, Granada. La narración que forja esas conexiones, gravitando sobre una canción llamada “Pequeño Vals Vienés”, representa buena parte de mi pequeño universo.

Pequeño Vals Vienés es un poema de Federico García Lorca, al que Leonard Cohen puso música adaptándolo en su bellísima canción Take this waltz. Lorca, Cohen y luego el flamenco eléctrico de Morente que cantó ese poema como segundo tema del disco. También Ana Belén cantó Pequeño Vals Vienés en “Lorquiana”. Y con ellos, otros muchos en diversas lenguas. El poema es una composición lírica de evocadoras imágenes surrealistas que se conjugan en una profunda declaración de amor.

De la admiración a esta joya de la poesía y de la música llegué a disfrutar de todo la obra Omega, una y otra vez, con el Poema para los muertos, el Aleluya de Cohen, Ciudad sin sueño, Manhattan… Morente era un maestro tan grande del cante flamenco que pudo trasgredir las fronteras de su disciplina y llevar a cabo el mayor ejercicio de rebeldía, en sus propias palabras, ejercer “simplemente la libertad de ser honesto”. Enrique cantó a Lorca, a Miguel Hernández, a Luis Cernuda… motivos suficientes para amar su obra. Excelsa es su interpretación de Donde habite el olvido.

Aún más, en Enrique confluyen otras pequeñas mitologías personales. Hace apenas un año que asistí junto a mi hermana al concierto homenaje al gran Antonio Vega. Allí estaba él, dejando pequeños a los más de 20 artistas que lo precedieron. Su interpretación de Ángel caído, tema que aparecerá en su próximo disco, nos elevó por encima del Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid hasta algún tipo de auditorio divino donde sabíamos que Antonio también escuchaba al maestro. Esa fue la primera vez que lo escuché en directo.

La segunda y última fue este verano, en Íllora, durante el Parapanda Folk. Fue para mí un momento único, de extraña espiritualidad, conducido por la voz cósmica de Morente, una fuerza capaz de crear un universo. Cantó temas de su nuevo disco que estará dedicado a Picasso. Nunca llegué a escuchar un tema de Omega, nunca escuché Pequeño Vals Vienés.

Por esto Enrique Morente es tan grande, como inmenso su vacío. Estas palabras de recuerdo y admiración van para él. Hay personas que nunca llegas a conocer pero que hacen tu vida distinta, no quizá en el relato de los eventos, pero sí en la memoria que esculpe la verdad íntima de nuestras vivencias. Mañana regresaré a la Granada en la que aún pervive el dolor sordo de su partida. Granada, no siempre generosa con los suyos, esta vez se ha puesto de luto para recibir al que aún no debía haber llegado. Me despido con el verso de Carlos Cano, otro granadino que se nos rompió antes de tiempo, el verso de la Habanera imposible con la que Estrella despidió a su padre: “Granada, no tengas miedo / de que el mundo sea tan grande, / de que el mar sea tan inmenso.”

Granada siempre será la memoria de Enrique, la Granada de Lorca y de Carlos Cano.

Tags: Granada

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